Un paseo por Santa Catalina: un jardín que
florece en las ruinas de un convento.
En
una superficie de tres hectáreas, se dividen en tres áreas donde se pueden ver
plantas autóctonas, orientales, árboles australianos, gran variedad de
ticas, etc.
En la Sierra de Badaia, junto a
Vitoria, con las labores de recuperación y consolidación de las ruinas del
monasterio se está poniendo en valor el patrimonio arquitectónico y botánico
del lugar.
Castaños, fresnos, orquídeas, magnolios, nenúfares, lavandas y más de 1.200 especies vegetales viven en este parque.
LOCALIZACIÓN.

Trespuentes es conocido principalmente por su puente romano de trece arcos, que fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional. Cabe destacar la Parroquia de Santiago Apóstol y cerca las ruinas del Convento de Santa Catalina, donde se encuentra el Jardín Botánico.
Ya aparece como Trasponte en un documento de 1025 variando de denominación en años posteriores como: Transpuent en 1266, Traspuentes 1294, Transponte en 1602, Tresponte en 1632.
El apellido del mismo nombre aparece como Trespuente (Albarez de) en 1066; Trasponte (Martini de) en 1138.
Tal vez, a fines del s. XVIII, sus habitantes conocían todavía el euskera, sin embargo, en el mapa de L. L. Bonaparte (1863) esta localidad figura muy alejada de la línea de dominio del euskera.
Lugares a visitar.
En el núcleo se encuentra una casa de mediados del s. XVII, del tipo hidalga rural, con escudo. El Molino Fuerte de Axpea, que se encuentra a orillas del Zadorra. Edificado a finales del s. XIII o principios del XIV, de mampostería dispuesta en hileras, puerta principal perforada por saeteras, rematada en arco apuntado. Destacan asimismo los restos de la Casa Fuerte de los Iruñas de la misma época, de la que se conservan los lados este y oeste y dos torreones de mampostería con saeteras, arcos apuntados y hermosas dovelas. También están los restos de lo que fue palacio, con ventanas con arco de medio punto y puerta apuntada.


También se conservan ruinas del Convento fundado sobre la torre y palacio por Andrés Martínez de Iruña en 1411, habiendo donado los edificios a la orden jerónima para tal fin bajo la advocación de Santa Catalina de Badaia o Nuestra Señora de Gracia, lugar donde se encuentra el Jardín Botánico al que nos lleva la visita de hoy.
JARDÍN BOTÁNICO SANTA CATALINA.
A la entrada del Parque se encuentra el Centro de Interpretación, un espacio que acoge diferentes exposiciones y programa periódicamente actividades para niños.
En la zona de valle, que es el acceso al antiguo Monasterio, se ha procedido a ordenar las distintas especies plantadas, creando jardines temáticos que el visitante se encuentra de manera sucesiva.
El jardín del fuego, con plantas de color rojo que lo reciben tras pasar el control; el jardín del aire, con cierres de parterres que recuperan las antiguas delimitaciones de parterres de origen medieval; el jardín de la tierra y el jardín del agua con un hermoso puente de madera que los cruza.
Se estima que en el jardín podemos encontrar más de 300 especies autóctonas, entre ellas destacan las quince clases de orquídeas, cuya espectacular floración se desarrolla en primavera.
También el conjunto cromático formado por la encina siempre verde y el arce de Montpellier, muy numeroso en todo el parque y considerado como símbolo del mismo, que en otoño adquiere un color rojizo.

Dentro de la fauna exótica abundan los elegantes arces japoneses, las araucarias, los cedros, los cactus cuya espectacular floración solo dura dos días o los bulbos de primavera de narcisos, tulipanes y anémonas.
Una de las mayores atracciones del jardín son sus plantas aromáticas: la franja morada de las salvias, la sutileza del tomillo, la fuerza del romero o la serenidad de la lavanda.
EL MONASTERIO.
La Casa Torre del siglo XIII, fue cedida a los Jerónimos en el siglo XIV como convento y estuvieron aquí durante sesenta y cinco años; luego se fundó el monasterio agustino, orden que se mantuvo hasta el siglo XIX, cuando fue quemado en la Primera Guerra Carlista.
Tras eliminar las enredaderas que escondían los muros y huecos, se han identificado las distintas partes de la antigua edificación.
Una vez finalicen el estudio arqueológico y el histórico-constructivo que permita identificar las distintas fases de construcción, en las siguientes fases de intervención se evocará la arquitectura a través de la jardinería.
Los “jardines secretos” serán una evocación de la arquitectura previa y sus usos: en la Iglesia, que mantiene sus muros, el coro elevado aprovechando la roca natural, los rosetones y la espadaña, se situará el jardín del alma; en el claustro, el jardín del tiempo; en la sala capitular, el jardín del pensamiento, mediante la creación de nuevos jardines, y permitirá entender esa maravillosa ruina enclavada en un paraje espectacular.
UN PEQUEÑO REPORTAJE FOTOGRÁFICO.
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