martes, 15 de enero de 2013

El girasol y la salud.

El girasol y la salud.
  
El girasol, Helianthus annuus, es una planta herbácea anual como lo indica su nombre específico latín: annuus, de la familia de las astaráceas, originaria de América y cultivada como alimenticia, oleaginosa y ornamental en todo el mundo. Nace, crece, se reproduce dando semillas y muere con las primeras heladas en un máximo de 7 meses. Pueden crecer hasta alturas asombrosas y son una hermosa incorporación a jardines y balcones. Sus grandes capítulos giran graciosamente durante todo el día, siguiendo al sol, y atraen a una amplia gama de fauna silvestre.
Las mariposas chupan su néctar, mientras que los abejorros y las abejas recogen polen. Las flores también atraen muchos tipos de insectos depredadores, que controlan el número de ácaros y otras alimañas de las inmediaciones. Los girasoles que se dejan durante el invierno ofrecen nutrición a las aves que comen sus semillas.
Se trata de una planta que necesita mucha luz solar, y se adapta tanto a los climas fríos, como a los templados o calientes. Del espectacular girasol se aprovecha prácticamente todo, desde sus sabrosas pipas hasta su nutritivo aceite. Por todas estas razones, esta vistosa planta resulta de gran utilidad, tanto para nuestra salud como para nuestra belleza.
Hasta ahora se sabía poco de su evolución, en parte porque los investigadores han descubierto relativamente pocos fósiles de estas plantas y la mayoría son sólo granos de polen. Es nativo del continente americano. El fósil de una flor descubierto en una roca de la Patagonia sugiere a los especialistas que surgieron en lo que hoy es Sudamérica hace casi 50 millones de años. Su cultivo se remonta al año 1000 a. C., pero existen datos que indican que el girasol fue domesticado primero en México al menos 2600 años a. C. En muchas culturas amerindias, el girasol fue utilizado como un símbolo que representaba a la deidad del sol, principalmente los aztecas y otomíes en México, y los incas en el Perú. Francisco Pizarro lo encontró en Tahuantinsuyo (Perú), donde los nativos veneraban una imagen de girasol como símbolo de su dios solar. Figuras de oro de esta flor, así como semillas, fueron llevadas a Europa a comienzos del siglo XVI. Los españoles lo trajeron a Europa y se extendió en prácticamente todo el mundo,  donde hoy es cultivado intensivamente en numerosos países, con fines alimenticias a partir de sus frutos e incluso ornamentales.
Tienen una clase de respuesta frente al estímulo luminoso llamada heliotropismo. Las hojas y las cabezas de las flores siguen la orientación del Sol, del este al oeste, a lo largo del día. Los movimientos desaparecen cuando la flor madura y se queda en una posición fija hacía el levante. Las hormonas vegetales son las que le dan fototropismo positivo y el control de dichas hormonas se debe a la interacción de diferentes factores como el sol, la luz directa, la gravedad, el calor, las cantidades de rayos UV, o a la relación con otros agentes químicos, hormonales o no.

Contiene hasta un 58% de aceite en su fruto, que es un aquenio. El aceite de girasol se utiliza para cocinar, aunque no posee las cualidades del aceite de oliva, sí posee una cantidad cuatro veces mayor de vitamina E natural que éste, y también sirve para producir biodiesel. La harina que queda luego de la extracción del aceite se utiliza como alimento para el ganado. Sus frutos, las populares pipas , suelen ser consumidas tras un leve tostado y, en ocasiones, un leve salado; se consideran muy saludables ya que, al igual que el aceite, son ricas en alfa-tocoferol (vitamina E natural) y minerales. Los tallos contienen una fibra que puede ser usada en la elaboración del papel, y las hojas pueden servir de alimento para el ganado.
La época de siembra para el cultivo de secano varía según la latitud, pero dura aproximadamente un mes a contar del inicio del verano. La profundidad de siembra se realiza en función de la temperatura, humedad y tipo de suelo. Es un cultivo poco exigente en el tipo de suelo, aunque prefiere los arcillo-arenosos y ricos en materia orgánica, pero es esencial que el suelo tenga un buen drenaje y la capa freática se encuentre a poca profundidad. La germinación de las semillas depende de la temperatura y de la humedad del suelo. Algunas variedades desarrolladas recientemente tienen cabezas decaídas. Estas son menos atractivas para los jardineros que crían las flores como ornamento, pero atractivos para los granjeros, porque pueden reducir los daños producidos por los pájaros y las pérdidas por enfermedades vegetales.

En muchos ejemplos de naturaleza, nos encontramos con los números de Fibonacci. Uno de ellos es la forma en que se ordenan las semillas en el girasol. Si se cuentan las espirales que se forman hacia la derecha y hacia la izquierda, hay 34 curvas en un sentido y 21 en el otro: ambos son números consecutivos de la sucesión de Fibonacci.
Las pipas de girasol son muy ricas en grasa, de las cuales la mayoría son insaturadas y, por tanto, regulan los niveles de colesterol. Además cuando se consumen sin sal, rebajan con suavidad la tensión arterial y poseen efectos diuréticos. Son ricas en magnesio, un mineral cuya carencia se suele manifestar con fatiga física y mental. Esto, unido a su poder calórico y su aporte proteico, explica la presencia de las pipas de girasol en los alimentos destinados a ser consumidos durante la práctica del deporte.
El fósforo que contienen hace de ellas un alimento recomendable para niños en edad de crecimiento y para personas con una intensa actividad mental. Ayudan al buen funcionamiento del aparato digestivo, siempre y cuando se consuman de la manera adecuada. Por su alto contenido de ácidos grasos se reduce el riesgo de sufrir problemas circulatorios, infartos y problemas cardiovasculares.
Las pipas de girasol contienen alto porcentaje en Potasio y Magnesio, por lo que son indispensables en la dieta de todos los deportistas o personas que realizan esfuerzos físicos constantes. Las pipas suelen mejorar el rendimiento físico. Son muy buenas para mantener sanos órganos importantes como el cerebro y el corazón. 
Son ricas en ácido fólico, el cual es imprescindible en el embarazo ya que ayuda a evitar malformaciones del feto. Ayudan a fortalecer el sistema inmunológico, manteniendo y aumentando las defensas del cuerpo, ayudando a prevenir y erradicar enfermedades de todo tipo. La tiamina o vitamina B1, es otro de sus elementos. Una de las funciones de esta vitamina es la de prevenir problemas del sistema nervioso y evitar el cansancio.
Al poseer un alto contenido en vitamina E, son un alimento ideal para nutrir y rejuvenecer la piel, pues esta vitamina esta considerada como uno de los antioxidantes más potentes, por lo que rejuvenece y da frescura a la piel. Tienen un gran contenido en calcio, el cual merece considerarse en problemas de huesos frágiles o descalcificación. Puede ser un desayuno extraordinario por la mañana.

La leche vegetal es un sustituto ideal de los lácteos de origen animal. Las pipas de girasol son un excelente sustituto de la leche para las personas intolerantes a la lactosa o aquellas que no consumen productos de origen animal como los veganos o vegetarianos. La leche de semillas de girasol es muy nutritiva, y se puede elaborar de forma casera.
También se dice que pueden ayudar a las mujeres a ser fértiles, ya que la tradición cuenta que las gitanas solían comer muchas pipas de girasol, a lo que atribuían su fertilidad.
Se pueden comer como aperitivo o como entremés o golosina. Se le pueden agregar a ensaladas, panadería y algunos postres o sopas. Con la semilla de girasol se pueden elaborar harinas para preparar un pan especial. Moliendo las semillas de girasol con otras semillas o frutos secos como las habas, calabaza o maíz, se realizaba una especie de torta. Las semillas son uno de los alimentos considerados como alimentos del futuro, ya que contienen cantidad de nutrientes que no se encuentran en estas concentraciones en otros alimentos.

La eterna duda, aceite de oliva o de girasol.
El aceite es un alimento esencial para nuestra dieta, ya que nos aporta ácidos grasos esenciales para el organismo que nos ayudan a mejorar la salud. Existen muchos puntos de vista en relación con el aceite, y es que hay defensores de su uso y otros que no lo respaldan para nada. El aceite de oliva y el de girasol son inevitables las comparaciones.
Los dos aceites son ricos en ácidos grasos importantes para el buen funcionamiento del organismo. No debemos olvidar que la procedencia de ambos aceites es diferente y por lo tanto las cualidades de ambos se van a diferenciar en algunos puntos que no podemos pasar por alto.
El aceite de oliva se obtiene a partir de un fruto, la oliva, que se machaca para extraerlo. En cambio el aceite de girasol se extrae de una semilla, la pipa de girasol. Este hecho hace que ambos aceites tengan una gran diferencia en su textura y en la composición. En contra de lo que mucha gente opina ambos son igual de buenos para la salud por la cantidad de nutrientes que nos brindan necesarios para mejorar nuestro estado de salud.
En el caso del aceite de oliva es destacable su alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Son imprescindibles para la actividad celular, y representan una ayuda directa para el sistema circulatorio, ya que nos ayudan a reducir los niveles de colesterol malo que es el encargado de obstruir las paredes de las arterias y de envejecerlas con el paso del tiempo. Es además un buen laxante consumido en ayunas. A la hora de cocinar es la mejor elección, ya que al tener una densidad alta aguanta mucho mejor las altas temperaturas sin perder sus cualidades. Elegir aceite de oliva para cocinar es la elección más acertada, aunque es siempre preferible consumirlo crudo. En cambio el aceite de girasol es mucho menos denso y es una peor opción para cocinar, ya que no aguanta las altas temperaturas de la misma manera y se quema antes expulsando sustancias que no beneficial al organismo en absoluto.
En cambio el aceite de girasol crudo es un alimento muy recomendable por las altas dosis de nutrientes que nos ofrece como la presencia de ácido linoleico que nos ayuda a regular nuestro organismo y mejorar la asimilación de los nutrientes. Junto a esto es importante que tengamos en cuenta el alto contenido que el aceite de girasol tiene de vitamina E, importante para mantener en perfecto estado nuestros tejidos, además de ser una gran fuente de juventud para la piel.
Por todos estos motivos ambos tipos de aceite son muy buenos para el organismo, lo importante es saber utilizarlos y entender que todo en su justa medida es necesario y beneficioso, pues nos aportan una serie de nutrientes necesarios para mejorar nuestra salud.
El aceite de girasol, sin refinar, puede ser un guardián de nuestra salud ya que su riqueza en vitamina E y en ácidos grasos lo hacen muy interesante. Es el extraído de las pipas o semillas de girasol y debe ser un aceite extraído en frío y de primera presión para que mantenga sus extraordinarias propiedades. Fue en Rusia a finales del siglo XVIII donde se realizaron las primeras pruebas de extracción de aceite y es ya a mediados del siglo XIX cuando se empieza a comercializar a gran escala.
La cualidad más importante del aceite de girasol, de primera presión en frío y tomado en crudo, es su alto contenido en vitamina E y en ácidos grasos mono y poliinsaturados, los cuales para el humano son esenciales ya que no los puede producir. Cada vez se reconoce más la eficacia del aceite de girasol a la hora de regular el metabolismo del colesterol, ejerciendo una acción de drenaje en los abscesos de colesterol, en los tejidos y sobre todo ayudando a mantener limpias las paredes internas de las arterias. 
El aceite de girasol será, por ello, también muy adecuado en casos de arteriosclerosis. Se podrá tomar solo o en igual proporción con el aceite de oliva uniendo de esta forma sus cualidades. Reduce eficientemente el nivel de colesterol total, LDL y los niveles de triglicéridos.
El aceite de girasol es ideal para tomar en crudo ya que no soporta bien las temperaturas. Es ideal para aliñar ensaladas u otros platos. Además de sus beneficios aporta a los alimentos, cuando no es refinado, su delicioso sabor a semillas de girasol. Su riqueza en vitamina E lo hacen un buen aliado de nuestra piel. Se la conoce como la vitamina de la belleza. Esta riqueza en vitamina E le otorga un gran efecto antioxidante con lo que sus propiedades terapéuticas son muy amplias.

Es curioso que si compramos el típico aceite de girasol del supermercado no sabe a nada ya que está refinado. Por supuesto, tampoco tiene apenas ninguno de los beneficios de la semilla de girasol. Aunque sea por curiosidad comprad un día un aceite de semillas de girasol sin refinar y de presión en frío. ¿Adivináis a que tiene sabor?.


 
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