jueves, 6 de septiembre de 2012

De Pandebano a Bulnes

De Pandebano a Bulnes.

Es el camino que va de Pandebano a Bulnes (Asturias) en un día de niebla.

Este recorrido lo anduve con mi hijo Aitor el 02.05.2010.
 El tema de las fotos es la niebla, por eso he escogido este texto de Alonso Vicent.

Está subiendo la niebla. 

No sé de donde viene, pero lo envuelve todo y difumina las imperfecciones del terreno, quiero decir, los perfectos desniveles que me rodean. 

¿Qué tienen de malo las nubes al ras del suelo?.

Quizás la niebla no sube sino baja, duda poco trascendente, y nos hemos encontrado a mitad camino entre la tierra, el cielo y la nada.

Esperen, esperen, que me coge de la mano y me lleva a dar un paseo por las nubes que otros abandonaron a la mínima presión; que es cuando te aprietan los flancos y no estás para aguantar ni el leve empuje de una atmósfera.

Desde la inexacta altura veo la bruma espesa formada por juventudes perdidas, sueños interrumpidos, sentimientos de abandono y otros grandes hurtos y saqueos propios de los humanos condenados a la terapia del olvido.

 ¿A quién pertenecerá este desencanto que se arrastra entre las rocas de los márgenes del camino?.

 
Diríase propio de una reinona de corona orgánica y cuerpo de vicio decidida a abandonar su trono por cualquier desacertada razón. 

Y a compartir las miserias de alguna rana encantada de las que tarde o temprano te arrastran a sus lodos…

Pero también podría ser de cualquiera.

 
De los desencantos nunca te puedes fiar.

 
Qué poco fiables son los hechizos.

Acabo de ver pasar, cubiertas por una tela transparente, una multitud de tristes sonrisas.
Qué mal lo estará pasando quien las haya dejado escapar. 
La sonrisa es algo perecedero y si no se utiliza se evapora y ya la has perdido, al menos esa en concreto.
Pocas deben quedarle al dueño de éstas.

Qué tétricos pueden llegar a ser nuestros adentros.

Al doblar la Peña de las Cabras me ha rozado una certeza de esas que son imposibles de recuperar.
Alguien, seguro, debió perderla en su infancia, y con ella la seguridad que conlleva estar en lo cierto. Qué angustiosa es la incertidumbre.

Estoy seguro de haber oído cómo un consejo se estrellaba contra un árbol. Es fácil que tropezara con piedra o con tarugos.
A mí me pareció bueno mientras pasaba rozándome el oído, pero está claro cuál ha sido su suerte. Qué orgullosa es la ignorancia.

Entre la niebla se ven los dolores ajenos. Vaya, éste es mío, ni lo miro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario